El recibo

 

 

“Ella me quería” pensaba, no creía la mujer que amó le hubiera engañado. Se aferró al recibo. “Es imposible” pensó mirando la hojita a través del manto borroso de sus lágrimas. Comenzó a reír. Su mente divinizó a su esposa y la fortuna que tendría. Llegó a la taberna que frecuentaba cuando ella iba al teatro. Bebió durante horas, celebrando la herencia que su amada le había legado. No más pobreza, no más preocupaciones. Conversó con el hombre que tenía a su lado.

A la mañana siguiente despertó en una habitación desconocida. Se vistió y rebuscó en los bolsillos de su abrigo. No tenía nada, salvo el recibo de la joyería.

Salió rápidamente, se dirigió hacia el establecimiento donde le esperaba su fortuna.

-Vengo a cobrar este recibo -dijo Perera, depositándolo en el mostrador.

-Por supuesto -respondió el joyero.

Cogió el recibo y desapareció.

-Disculpe -dijo-. ¿Está todo bien?

-Por supuesto -respondió una voz a sus espaldas.

Perera se giró nervioso.

-Señor, queda detenido por el robo de ese collar -dijo el policía.

-¿Perdone? -preguntó Perera.

-El señor Perera ha presentado una denuncia por su desaparición.

-Sabía que eras un ladrón -dijo el joyero.

-Yo soy Perera.

El joyero conocía a la señora Perera y no podía imaginársela casada con semejante individuo.

Sacaron a Perera de la joyería. Un hombre entró en la tienda.

-Soy el señor Perera -dijo entregando su documentación.

 

 

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