BOWLING

 

 

 

—¿Por qué debo reprimirme?

—¡Calla!

—No quiero callarme, ¡estoy harto!

—Pero no puedo hacerlo, no estaría bien.

—A la mierda lo que esta bien o esta mal. ¿Debo seguir aguantado toda esta mierda día tras día?

—Es lo que me enseñaron a hacer, todos…

—Se equivocaban, lo único que han hecho es que ya no quepa más en mi interior, mi cerebro y mi corazón están a punto de reventar.

—Siento esa angustia, ese dolor. Pero…

—¡Pero!, ¿qué?

—No, no. No estaría bien hacerlo.

—¿Y entonces, sigo comiendo mierda, sigo aguantando que me traten así? No es vida, ni siquiera es vivir. Cada día que pasa me cuesta mas levantarme de la cama. Lloro cada vez que giro la llave en la puerta para abrirla. Ver el edificio cuando estoy llegando es como ver un monstruo negro que quiere engullirme… No puedo más.

—Ni yo.

—¿Y por qué tantas dudas?

—Porque hay personas que no lo merecen.

—Ni yo tampoco.

Apoyó sus manos sobre el espejo, miró su reflejo. Desesperado, gritó y lo golpeó repetidas veces, hasta que se hizo añicos.

Salió el cuarto de baño, miró la mochila de deportes que había sobre la mesa con los tubos negros asomando por un lado. Cerró la cremallera empujándolos dentro.

En la puerta de casa, giró la llave para abrirla, al salir la cerró tras de sí.

Esta vez sin llorar.

 

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