Dos tequilas sin sal 

 

 

–Sofía, ¿has terminado de preparar la maleta?

–Dame un segundo que reviso la lista a ver si se me olvida algo.

 

Tres horas más tarde aún no había llegado a la playa. Un serpenteante atasco estaba asfixiando el humor veraniego de María que no dejaba de resoplar. Sofía, una rubia con mucha guasa prefería sacarle puntada a las cosas. Según ella, las frustraciones y los enfados ponen cara de alcachofa y las alcachofas están muy arrugadas.

 

–Igual llegamos a la playa para ver el atardecer. Mira, no nos vamos a tener que poner crema ni gafas. Ni una marca de bikini nos va a quedar.

 

Cuando tan solo les faltaban 50 km para estar en estado vuelta y vuelta se les pinchó una rueda.

 

–Venga, ¿qué más nos puede pasar hoy? ¿Por qué el Universo no quiere que lleguemos nunca? –dijo Paola.

–Porque va a llegar un morenazo en un descapotable con su pelo agitado por el viento y una sonrisa baja bragas que nos va a cambiar la rueda. Si no, ¿cómo pensabas que nos íbamos a cruzar con tal portento?

 

Paola no podía evitar que el mal humor se le pasara siempre que estaba con Sofía. Su amiga tenía un sentido del humor anti bombas y jefes tocapelotas. Bajo un sol de justicia intentaban poner el gato pero el muy zorro se les escurría.

 

Un camionero con una barriga que ponía en seria duda si conducía él o ella, paró a ayudarlas. En media hora les contó sus problemas de espalda, las broncas de su mujer y cuál era el mejor espeto de la zona.

 

Eran las cinco de la tarde cuando Sofía y Paola plantaron la sombrilla en la playa.

 

–¿Las toallas, Paola? No las encuentro.

–¿No las cogías tú? Estaba en la lista, ¿no?

 

Las dos amigas se miraron y rieron por no llorar. La lista, la maldita lista se había vuelto un poco tonta y las toallas siguieron cogiendo polvo en casa.

 

–Con lo calentita que está la arena, menudo planazo.

–Esto es el karma que quiere que nos vayamos al chiringuito en vez de ser una croqueta andante –le guiñó Sofía.

–Camarero, dos tequilas pero sin sal ni limón ni nada. Así al natural, que los complementos los carga el diablo.

 

 

 

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