Mudanza

 

Acordaron previamente fecha y hora para no verse.

La casa todavía mantenía su olor, aquel aroma peculiar que lo identificaba y marcaba su territorio.

Manteniendo el tipo empaquetó sus pertenencias, intentando no pensar en las historias ligadas a cada objeto, a cada libro, a cada rincón.

Guardó sus alegrías y sus lágrimas, sus risas y ausencias, sus silencios, sus suspiros y sollozos.

En la habitación, el espejo reflejó su mirada y volvió a verse como el día en que, juntos, llegaron a esa casa con intención de convertirla en un hogar.

En algún momento dudó, no sabía qué recuerdos llevarse y cuales abandonar. Al final no se llevó ninguno. La próxima vez, si la había, su vida sería como una hoja en blanco.

En el frigorífico vacío, una solitaria manzana languidecía cubriéndose de moho.

Como su corazón.

 

Bartolomé Zuzama i Bisquerra.

Palma de Mallorca, 17/06/2017

 

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