¿Juguetes?

 

Arrebujado entre las mantas, aunque no tenía frio, intentaba combatir su angustia. Otra noche en vela hasta que regresaran y su presencia lo disuadiera de atacar.

Tenía que mantener el tipo, ya no era un niño, pero cada vez le resultaba más difícil no responder que sí cuando su madre le preguntaba si prefería que buscara a alguien para hacerle compañía en las noches que ellos salían.

La escasa luz de la ventana se reflejaba en sus enormes ojos, produciendo oscuros destellos. No podía dejar de observarlo, esperando algún tipo de movimiento que revelara sus intenciones. Llevaban juntos casi un año y desde el principio le había parecido inquietante, como si ocultase algo.

Cada crujido, real o imaginado, le provocaba un escalofrío, consiguiendo que su cuerpo se encogiera, que tratara de convertirse en humo y desaparecer.

Cuando aquella injustificada corriente que no provenía de ningún sitio rozó la mínima parte de su piel no cubierta por las sábanas, se sobresaltó de nuevo. Pensó incluso en ocultar la cabeza debajo de la almohada, pero quería evitar cualquier actividad que pudiera alterarlo. Si no se movía quizá olvidara que estaba allí.

Cuando a la mañana siguiente su madre abrió la puerta para despertarle, solo encontró un acre rastro de miedo y un hueco en el colchón con su forma.

Si hubiera entrado un poco antes, podría haber notado que el enorme oso de peluche parecía moverse y que el tamaño de su tripa había aumentado desde la última vez.

 

Bartolomé Zuzama i Bisquerra. Valladolid 29 de octubre de 2018

 

 

Contacto

Correo electrónico:

info@revistacheshire.com

Revista Cheshire en redes sociales: