Gotas en un cristal 

 

A través del vidrio mojado, Rubén veía como menguaba la luz y la noche imponía su manto opaco sobre el campo.

Llovía desde esta mañana y todas las plantas que flanqueaban las vías goteaban. Pronto llegarían los túneles, todos esos túneles que permitían que el tren cruzara la Sierra Norte y llegara al puerto.

Cuando iban a entrar en el primero, la locomotora lanzó un silbido que lo sobresaltó, se había quedado dormido sobre aquel libro que Susana le había regalado. Abrió los ojos, dudó, volvió acerrarlos y se los restregó con las manos para asegurarse de que no seguía dormido.

En su segundo intento observó lo que había tras el cristal. Fuera lucía un sol espléndido que iluminaba una pequeña cala donde el bosque de pinos se abrazaba con el mar. Del libro y del tren no había ni rastro.

¿Habían vuelto a echarle algo en la bebida? Tenía que dejar de frecuentar la taberna de María. Lo que le estaba ocurriendo no era normal y no se parecía en nada a sus anteriores borracheras, no le dolía la cabeza ni el estómago. Sin darse apenas cuenta volvió a quedarse dormido.

Le despertó un sonido extraño, como de algo golpeando contra un cristal. Abrió los ojos con esfuerzo y todavía alcanzó a ver la escena antes de que el cristal que tenía frente a los ojos se oscureciera por completo.

Mirándolo desde arriba, Susana, con los ojos enrojecidos, sostenía una rosa roja en su mano. Junto a ella, un desconocido con una pala iba arrojando tierra que caía sobre el cristal con un sonido que anticipaba el silencio y la eternidad.

 

Bartolomé Zuzama i Bisquerra. Valladolid, 25 de noviembre de 2017

Contacto

Correo electrónico:

info@revistacheshire.com

Revista Cheshire en redes sociales: