Desencuentro

 

La ciudad a contraluz. Una urbe triste donde los coches juguetean con los semáforos mientras deambulan por las zonas umbrías, como sombras letales. Los peatones se defienden caminando en manadas y sin dejar de vigilarlos.

Ella se apresura. Ramón llegará pronto a casa y todavía tiene la cena sin hacer. Ha madrugado para coger el primer autobús y no llegar tarde. No puede perder este trabajo, es lo poco que todavía la ancla a la vida.

Tristeza, rabia, resignación. No sabe lo que siente, pero sus entrañas retorcidas no tienen nada en común con la felicidad. Ramón parece haberlo superado sin muchos problemas, pero él no lo llevó nueve meses en su vientre ni estuvo chillando casi toda una noche para parirlo porque venía de nalgas. Solo es un hombre, incluso un buen hombre, pero no la comprende y no puede ayudarla.

Cruza el desvaído paso de peatones sin apenas reparar en él, como lo haría su pequeño, alegre y confiado, sin pensar, sin ver el coche que se había saltado un semáforo y devoraba la distancia como un hambriento y peligroso tiburón urbano que ha olido la sangre.

Mientras alcanza la otra acera y continúa sobreviviendo, un ángel rubio se columpia en penumbras sobre los peatones, que no lo distinguen. Entre balanceo y balanceo espera un acontecimiento, un encuentro que nunca se producirá. Las existencias paralelas jamás se cruzan, permanecen equidistantes hasta la eternidad. 

 

Bartolomé Zuzama i Bisquerra. Valladolid, 25 de febrero de 2019.

 

 

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