Amigos del alma

 

Mientras escuchaba el cíclico latido del marcador de su ritmo cardíaco y seguía con la mirada la onda sinusoide que representaba su vida, su adormilada conciencia saltó hacia atrás y volvió a encontrarse apoyado sobre Ignacio en aquella boca de riego junto a la taberna. Con las cabezas juntas, pero atentos a la aparición de algún adulto, miraban a hurtadillas aquellas revistas francesas que su amigo había «despistado» a su padre.

Su amigo, aquel amigo del alma con el que más adelante compartiría su primer cigarrillo de picadura y con el que competiría por el amor de Luisita, que dio calabazas a los dos.

Estudió con Ignacio en la vieja escuela del barrio y con él sufrió los desprecios de los chicos de las villas de lo alto de la colina.

Juntos comenzaron a pasar las tardes libres en la «Casa del Pueblo» y a llenar de carteles las calles reclamando elecciones o denunciando abusos. El treinta y uno los pilló todavía jóvenes, pero capaces de valorar lo que había sucedido y apoyarlo con denuedo. Cuando llegó el treinta y seis sus posiciones estaban perfectamente definidas y su bando escogido a conciencia, sabiendo que enfrente volverían a tener a los chicos de las villas de lo alto de la colina.

Ignacio no llegó a conocer Argèles-sur-mer, cayó junto al Ebro. Su compañero, su amigo del alma siguió luchando y entró en París con la Nueve en el cuarenta y cuatro. Le recordó desde el exilio hasta que pudo regresar a un país en el que habían recuperado la ilusión.

Su nieto le contó el otro día que cuando todo parecía encarrilado, viejos fantasmas con diferentes vestiduras habían retornado arropados en la bandera y predicando odio.

Los chicos de las villas de lo alto de la colina nunca habían desaparecido, solo se habían mudado al centro.

 

Bartolomé Zuzama i Bisquerra. Valladolid, 3 de abril de 2019.

 

Contacto

Correo electrónico:

info@revistacheshire.com

Revista Cheshire en redes sociales: