Nubes

 

 

La oscuridad se cernía silente entre las ventanas abiertas. Después del caos y la tormenta…; la calma. Unos ojos asustados asomaban tras los pliegues de una manta, puede que, clamando a la esperanza. Me acerqué despacio y sin hacer ruido, encontrándome con aquellas nubes blancas que, perdidas, miraban al infinito. Y pensé en la soledad del mar y en el abrigo de su sal, a contratiempo y sin avisar. Sin fuerzas, sin casi resistencia; tan solo el desespero bajo los rayos del sol.

Pasados unos días, mi trabajo de voluntario era más gratificante a pesar de la dificultad. Me sentía como un faro en la lejanía desplegando su maravillosa luz. Y evoqué la pintura en tela de mi Faro de Alejandría (la que me regaló mi madre en uno de nuestros viajes); que el tiempo, la lluvia, el mar y el viento, se habían encargado de desgastar aquel mortero, que ocultaba la inscripción del verdadero autor: Sóstrato.

<<… En nombre de todos los marinos >>; los de antes y los de ahora. Porque mi navegante abre sus grandes ojos que simulan nubes; y sonríe. De nuevo, ríe. Para que sus penas se tapen con mortero y, ocultas, se olviden.

 

Ana María Chiquito Román

 

 

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