La orilla del cosmos

 

La lluvia, como manto de neón,

cubría el horizonte perlado de estática

haciéndome olvidar el frío del páramo

donde dormían mis sentimientos.

 

Expectante, te volviste en mi dirección;

eras una llama blanca en la oscuridad

irradiabas una dolorosa belleza

imposible de describir con palabras.

 

Traté de conservar aquel instante

en mi corazón por toda la eternidad.

Y viví ahogado a orillas del cosmos, mil años,

sufriendo en el más puro de los silencios.

 

Entonces, desapareciste…

Sólo quedó el amargo sabor de tu recuerdo.

 

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