En la calma del mar                        dormido

 

La noche se podía reflejar en el agua, todo estaba en total y plácida calma. Las olas apenas se escuchaban en el fondo, como cuando un gato dormido ronronea. Disfrutando de la noche, la soledad y la playa, Pablo solía aprovechar para darse un baño. Era un experto nadador, y era un noctámbulo empedernido. Aquella noche al salir del agua vislumbró unas sombras en el antiguo hotel. Aquella mole junto al mar, había pasado de moda hacía mucho tiempo, ahora todos los turistas preferían las piscinas en vez de la arena y la playa privada. Y allí resistía con toda la vejez pesando sobre sus muros. Pero a esas horas no solían pasearse sombras por el hotel y menos en la suite que ya nadie usaba. Pablo iba a regresar a casa cuando escuchó unos sonidos extraños como de petardos agudos. Sin más quiso entrar a ver qué pasaba. Silenciosamente se acercó a la puerta del hotel, se dirigió al hall dónde siempre estaba Carlos, un antiguo amigo del colegio que leía más que otra cosa en sus horas de trabajo. Pero no había nadie. De nuevo otra vez esos extraños sonidos, venían del piso de arriba. Subió despacio cada piso, hasta descubrir que los sonidos provenían de la suite. Al acercarse a la puerta, la encontró medio abierta. Entró silenciosamente y sintió como un pinchazo en el pecho acompañado del extraño sonido. La ruleta rusa había añadido un protagonista.

 

 

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