La vida son dos días

 

 

          La vida son dos días, nos repiten constantemente para recordarnos que no estaremos aquí eternamente. La intención con la que se utiliza este dicho suele estar enfocada a que demos el máximo cada día y disfrutemos cada momento como si fuera el último. Pero lo que pocos se paran a pensar es que esto también es aplicable a los seres que amamos. No estarán eternamente. Aprovechar cada instante con ellos es también una manera inteligente de sacar partido a esos dos días. De igual modo que desconocemos cuándo terminaremos nuestro camino en la vida, tampoco podemos saber el cuándo de los demás. Por lo general, tendemos a pensar que esos dos días realmente se traducen en décadas, dando lugar a que en muchos casos no apreciemos los valiosos momentos que se presentan, hasta que es demasiado tarde.

 

          Sin embargo, aún peor, es si la frase se vuelve literal y los dos días son reales. Es en este caso cuando cuesta infinitamente más asumir este hecho fatídico. A veces, un ser entra en tu vida, llena tu corazón, hace que te vuelques en cuerpo y alma por él y te ayuda a descubrir facetas que desconocías totalmente de ti mismo. Pero el destino decide que su tiempo en vida sea tan breve que apenas llegues a saborear los momentos vividos con él, concentrados en tan pocas horas. Esto te rompe por dentro. Te destroza el sentir que la ilusión de lo que podría haber sido una vida juntos, de felicidad mutua y de alegrías, se ha esfumado tan rápido como llegó.

 

          Es en estos casos cuando la vida son dos días magnifica su significado y se graba a fuego en tu interior, para no olvidarlo jamás.

 

           Gracias por abrirme los ojos tan rápidamente. Te echaré de menos eternamente, mi gatito Neo.

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