¿Cómo tomas el café?

 

 

Los fabricaban en cadena. Primero la carcasa, luego instalaban el software adecuado. Todo perfectamente definido para que no sobrase ni faltase nada, para que toda la producción resultase perfectamente idéntica. Hasta los detalles más pequeños y que podían parecer casuales estaban totalmente definidos para que nada se escapase de control. Era un trabajo impecable.

Finalmente, les daban un café y los mandaban a trabajar un tercio de la jornada, otro lo dedicaban a una serie de contenido diseñado específicamente para hibernar el equipo de todo tipo de idea que pudiese salirse del patrón y, el último, a reiniciarse para otra nueva jornada.

Además, de momento, la actualización de sensación de libertad estaba dando muy buenos resultados. Era el detalle perfecto y tan sólo consistía en dejarles elegir el café por las mañanas, cada cual uno distinto, con algún detalle diferente. Era fascinante lo fáciles que eran de engañar.

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